La cultura auténtica y el arte tienen valor intrínseco y no tienen precio pero, dado que cuestan dinero, se plantea la duda de quién lo tiene que pagar. La solución más simple, hasta el punto de ser la adoptada por este gobierno, es que lo haga el régimen como padrino público.
Pero ese mecenazgo a los amigos con dinero ajeno resulta sospechoso de generar redes de dependencia y clientelismo, tan evidentes que apenas puede ocultarlas la también costosa propaganda y que perjudican al genuino arte. Dado que no estamos de acuerdo en cuánto vale el arte, cada persona o cada grupo social deberían pagar el suyo.
Si los socialistas se lo pagaran se beneficiarían de sus inversiones, muchas veces invertir en arte es rentable; comprobaríamos la confianza que tienen en sus amigos y cómo cotiza el precio y aprecio de su arte, y no lo pagaríamos entre todos como cuando proyectaron la esfera armilar de Valdebernardo.
* Juan Antonio Martínez Muñoz es profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.
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